Por aquellas miradas ingenuas que te di,
por aquellas sonrisas bajo el cielo diferente de cada día,
por cada momento nuestro,
por los besos robados,
las caricias implícitas
y por esa complicidad...
Por el fuego de las manos,
la necesidad del contacto,
miradas llenas de algo más que palabras
y esa sensación indescriptible en el pecho
cuando estabas cerca de mí...
Por las malas noches de reflexión,
los silencios incómodos,
la rabia a veces contenida
y ese dolor profundo de la comprensión sin aceptación...
También por las confesiones,
nuestra amistad sincera,
el cariño imborrable
y las lecciones que he aprendido...
Fuimos pasión, sonrisas y árido desierto...
Una prueba; para mí, no fallida;
vivencias y sentimientos que ahora quedan para mí, para siempre...
Quizá, este final es ahora un principio.
Quizá...
No quería despedirme
sin dedicarte una sincera sonrisa,
me llevo mucho de tí
en esta huella invisible.
Lo que nunca pensé
es ahora realidad
con forma de un nuevo camino...
Por todo esto,
por todo lo compartido,
por tí , y por mí;
thanks for the memories... :)
"Y la estrella se apagó..."
(En realidad, sólo cambió su luz )
viernes, 14 de agosto de 2009
miércoles, 22 de julio de 2009
Numb
Una pluma se desliza suavemente por un brazo,
rozando la piel que yace en ese diván.
Persianas echadas y penumbra reconfortante.
Movida por el aire, dibuja una silueta;
movida por el aire, cae el suelo.
A veces unos centímetros de separación
pueden ser demasiados...
a veces, pueden llegar a ser cientos de kilómetros,
sin posibilidad de acercamiento ni de tregua,
porque no hay guerra.
Sólo un extenso terreno semidesierto,
recorrido por vientos desconocidos y endémicos
que azotan a quien intente entrar.
Pisando arenas movedizas, a conciencia,
siguiendo a ciegas
la más hermosa melodía jamás escuchada,
sacando fuerzas de los montones de rocas que me rodean,
y si en algún momento flaqueo...
siéntate un momento, cierra los ojos
y deja que el viento te traiga esas notas de vida...
esas notas que te hacen respirar...
esas notas del desierto...
Escucharlas es como ver un jardín naciente,
con tantas pequeñas cosas escondidas por buscar...
Desde el principio sabía que el viaje tenía un mal final.
Pero me arriesgué, por aquella melodía...
Y no me arrepiento, ni lo haré nunca,
por todo lo que he visto ...
Sin embargo, ahora que he salido de allí,
siento que algo mío se quedó,
algo que no recuperaré,
y que realmente nunca me perteneció.
Amargas lágrimas en multitud de noches
bajan por mi rostro al comprenderlo,
pero el recuerdo no cesa,
y entonces extraño esa esencia del desierto...
Suspiros en la oscuridad,
y ni un paso en la noche.
Sola con mi alma...
Y empezando a comprender...
Sólo espero que algún día llueva para tí,
y haga brotar vida de donde sólo hay desolación.
Sigo escuchando en la lejanía esa música;
la única a la que permito llegar a mí de verdad...
y entonces sé que nunca se apagará,
que alguien más la escuchará,
y sonrío sin dolor.
Los viajes no son siempre voluntarios.
Te quiero, adiós.
rozando la piel que yace en ese diván.
Persianas echadas y penumbra reconfortante.
Movida por el aire, dibuja una silueta;
movida por el aire, cae el suelo.
A veces unos centímetros de separación
pueden ser demasiados...
a veces, pueden llegar a ser cientos de kilómetros,
sin posibilidad de acercamiento ni de tregua,
porque no hay guerra.
Sólo un extenso terreno semidesierto,
recorrido por vientos desconocidos y endémicos
que azotan a quien intente entrar.
Pisando arenas movedizas, a conciencia,
siguiendo a ciegas
la más hermosa melodía jamás escuchada,
sacando fuerzas de los montones de rocas que me rodean,
y si en algún momento flaqueo...
siéntate un momento, cierra los ojos
y deja que el viento te traiga esas notas de vida...
esas notas que te hacen respirar...
esas notas del desierto...
Escucharlas es como ver un jardín naciente,
con tantas pequeñas cosas escondidas por buscar...
Desde el principio sabía que el viaje tenía un mal final.
Pero me arriesgué, por aquella melodía...
Y no me arrepiento, ni lo haré nunca,
por todo lo que he visto ...
Sin embargo, ahora que he salido de allí,
siento que algo mío se quedó,
algo que no recuperaré,
y que realmente nunca me perteneció.
Amargas lágrimas en multitud de noches
bajan por mi rostro al comprenderlo,
pero el recuerdo no cesa,
y entonces extraño esa esencia del desierto...
Suspiros en la oscuridad,
y ni un paso en la noche.
Sola con mi alma...
Y empezando a comprender...
Sólo espero que algún día llueva para tí,
y haga brotar vida de donde sólo hay desolación.
Sigo escuchando en la lejanía esa música;
la única a la que permito llegar a mí de verdad...
y entonces sé que nunca se apagará,
que alguien más la escuchará,
y sonrío sin dolor.
Los viajes no son siempre voluntarios.
Te quiero, adiós.
jueves, 25 de junio de 2009
Bicho bola
La chica mira el acantilado, que queda lejano hasta para su vista.
Lo mira de lado, con el viento salado revolviéndole el pelo,
la luz dorada del atardecer marino en un reflejo de sus ojos,
y tantas palabras no dichas en los labios...
Uno de sus "yo" quiere retroceder, salir corriendo por donde ha venido,
apretarse las manos de miedo, huir, en una palabra.
Ahora ella lo domina, y decide quedarse ahí, esperando.
Esperando.....
Esperando a que la espera o esas vistas hermosas le devuelvan una señal...
una respuesta...
una iniciativa...
Suspira y baja la mirada.
Cuánto tarda la señal!
Decide mirar hacia delante, al final de la montaña.
La luz del atardecer juega con las formas rocosas, mezclándose con las olas,
el cielo y el color de tus ojos.
El espectáculo es capaz de hacerla volar...
Los latidos de su ser la incitan a caminar hacia allí,
para admirar de cerca esa belleza sin igual;
se decide, y da un paso.
El viento sopla fuerte, y el juego de las luces espirales
evoca una esencia...
es esa esencia ... la misma de sus sueños...
A ritmo de sus latidos pestañea,
deseando ese algo incorpóreo que flota en el instante...
Da unos pasos, muerta de miedo.
Siente los músculos tensos, y la aceleración simultánea de su respiración
y los golpes en su pecho.
Se contiene; camina más despacio.
Se aproxima un poco más...
Y ante ella, empieza a alejarse la ilusión.
Se va, se va y la pierde, quedándose allí quieta sin nada que poder decir.
Las punzadas de su ser herido inhiben la entrada de aire a sus pulmones.
Sus párpados se cierran involuntarios, conteniendo esa mezcla de emociones.
Cuando el dolor domina, sobra hasta el aire.
Demasiado vulnerable aún, levanta la frente del suelo.
El acantilado sigue ahí; ni rastro de algo que no sean piedras y mar.
Un violento portazo sacude los cimientos interiores de la chica,
que tras coger unas bocanadas de oxígeno mira de frente el sol.
Se apaga su luz, se vidrian sus ojos.
En rápido movimiento se levanta del suelo y aprieta los puños,
afianzando lo que será un punto de apoyo en adelante.
Paso al frente. Este no duele.
Espiración lenta, profunda.
De espaldas al mismo momento de ayer.
Pero esta vez no va a mirar.
#23
Lo mira de lado, con el viento salado revolviéndole el pelo,
la luz dorada del atardecer marino en un reflejo de sus ojos,
y tantas palabras no dichas en los labios...
Uno de sus "yo" quiere retroceder, salir corriendo por donde ha venido,
apretarse las manos de miedo, huir, en una palabra.
Ahora ella lo domina, y decide quedarse ahí, esperando.
Esperando.....
Esperando a que la espera o esas vistas hermosas le devuelvan una señal...
una respuesta...
una iniciativa...
Suspira y baja la mirada.
Cuánto tarda la señal!
Decide mirar hacia delante, al final de la montaña.
La luz del atardecer juega con las formas rocosas, mezclándose con las olas,
el cielo y el color de tus ojos.
El espectáculo es capaz de hacerla volar...
Los latidos de su ser la incitan a caminar hacia allí,
para admirar de cerca esa belleza sin igual;
se decide, y da un paso.
El viento sopla fuerte, y el juego de las luces espirales
evoca una esencia...
es esa esencia ... la misma de sus sueños...
A ritmo de sus latidos pestañea,
deseando ese algo incorpóreo que flota en el instante...
Da unos pasos, muerta de miedo.
Siente los músculos tensos, y la aceleración simultánea de su respiración
y los golpes en su pecho.
Se contiene; camina más despacio.
Se aproxima un poco más...
Y ante ella, empieza a alejarse la ilusión.
Se va, se va y la pierde, quedándose allí quieta sin nada que poder decir.
Las punzadas de su ser herido inhiben la entrada de aire a sus pulmones.
Sus párpados se cierran involuntarios, conteniendo esa mezcla de emociones.
Cuando el dolor domina, sobra hasta el aire.
Demasiado vulnerable aún, levanta la frente del suelo.
El acantilado sigue ahí; ni rastro de algo que no sean piedras y mar.
Un violento portazo sacude los cimientos interiores de la chica,
que tras coger unas bocanadas de oxígeno mira de frente el sol.
Se apaga su luz, se vidrian sus ojos.
En rápido movimiento se levanta del suelo y aprieta los puños,
afianzando lo que será un punto de apoyo en adelante.
Paso al frente. Este no duele.
Espiración lenta, profunda.
De espaldas al mismo momento de ayer.
Pero esta vez no va a mirar.
#23
sábado, 16 de mayo de 2009
Música a las 23:23 h
Es sonido instrumental el que besa mis oídos esta noche de conocida soledad.
Notas al aire que se deslizan en espirales armónicas,
acariciando mi alma y haciéndome perder de vista
los relámpagos que cierran esta tormenta que ya se aleja.
Suenan como...
besos en el viento;
como lágrimas etéreas,
como el ojo de mil huracanes,
como dedos que recorren suavemente un teclado, con el amor más puro;
como la respiración que te da la vida
y lame tus heridas de guerra,
quedándose contigo en única y cálida compañía.
Notas... compases...
Emoción expresada en 2/4,
contenida en la yema de unos dedos entregados
y unos ojos cerrados ausentes.
Consuelo y congoja simultáneos,
en este sollozo silencioso
desprendido de mi pecho,
mientras admiro muda
lo único y majestuoso bueno
que ha salido de nuestras manos humanas.
Notas al aire que se deslizan en espirales armónicas,
acariciando mi alma y haciéndome perder de vista
los relámpagos que cierran esta tormenta que ya se aleja.
Suenan como...
besos en el viento;
como lágrimas etéreas,
como el ojo de mil huracanes,
como dedos que recorren suavemente un teclado, con el amor más puro;
como la respiración que te da la vida
y lame tus heridas de guerra,
quedándose contigo en única y cálida compañía.
Notas... compases...
Emoción expresada en 2/4,
contenida en la yema de unos dedos entregados
y unos ojos cerrados ausentes.
Consuelo y congoja simultáneos,
en este sollozo silencioso
desprendido de mi pecho,
mientras admiro muda
lo único y majestuoso bueno
que ha salido de nuestras manos humanas.
miércoles, 8 de abril de 2009
El fatídico narrador de sinsentidos
Un ladrillo.
Un poco de cemento.
Una paletada.
Otro ladrillo.
Otro poco de cemento.
Otra paletada.
Otro más sobre el anterior.
Más cemento.
Homogeneizo el trabajo con la herramienta.
Sonrío y silbo.
Continúo colocando uno sobre otro,
en perfecta consonancia.
Alineo las esquinas,
quito las sobras,
mido los ángulos.
Se empieza a elevar el muro,
sólido y bien construido.
Es majestuoso.
Me quito el sudor de la frente;
es agotador el trabajo.
Paro un momento y contemplo lo poco que falta.
Estoy cansada, pero satisfecha.
Entonces es cuando llegas tú.
Reluce el martillo en tu hombro.
No quiero creerlo.
Claro que tampoco es la primera vez,
y no me pilla de susto.
Te acercas sin acelerar el paso,
sin decir una palabra.
Me echo hacia atrás.
Es lo único que puedo hacer,
echarme hacia atrás para no dañarme con los trozos
que vuelan por el aire de ladrillo y cemento, aún bien alineados.
Te contemplo.
No hay rabia en tus rítmicos golpes,
no hay desdén en tu mirada,
no hay venganza.
No hay nada, nada mejor que el terror psicológico gratuito.
Y esta vez ni siquiera me gritas.
Ya ni siquiera lloro cuando salto sobre los restos del muro,
después de irte tú.
Nunca me da tiempo a darte las gracias.
Cada muro de cemento y ladrillos derribado por tu martillo
ha creado uno de hormigón en otra parte.
No me sirven las preguntas cuando sólo hay hechos.
Además, estoy muy cansada.
Demasiado cansada, otra vez más.
¿Hasta cuándo?
Un poco de cemento.
Una paletada.
Otro ladrillo.
Otro poco de cemento.
Otra paletada.
Otro más sobre el anterior.
Más cemento.
Homogeneizo el trabajo con la herramienta.
Sonrío y silbo.
Continúo colocando uno sobre otro,
en perfecta consonancia.
Alineo las esquinas,
quito las sobras,
mido los ángulos.
Se empieza a elevar el muro,
sólido y bien construido.
Es majestuoso.
Me quito el sudor de la frente;
es agotador el trabajo.
Paro un momento y contemplo lo poco que falta.
Estoy cansada, pero satisfecha.
Entonces es cuando llegas tú.
Reluce el martillo en tu hombro.
No quiero creerlo.
Claro que tampoco es la primera vez,
y no me pilla de susto.
Te acercas sin acelerar el paso,
sin decir una palabra.
Me echo hacia atrás.
Es lo único que puedo hacer,
echarme hacia atrás para no dañarme con los trozos
que vuelan por el aire de ladrillo y cemento, aún bien alineados.
Te contemplo.
No hay rabia en tus rítmicos golpes,
no hay desdén en tu mirada,
no hay venganza.
No hay nada, nada mejor que el terror psicológico gratuito.
Y esta vez ni siquiera me gritas.
Ya ni siquiera lloro cuando salto sobre los restos del muro,
después de irte tú.
Nunca me da tiempo a darte las gracias.
Cada muro de cemento y ladrillos derribado por tu martillo
ha creado uno de hormigón en otra parte.
No me sirven las preguntas cuando sólo hay hechos.
Además, estoy muy cansada.
Demasiado cansada, otra vez más.
¿Hasta cuándo?
viernes, 3 de abril de 2009
La rareza de las cosas
Contrario a lo que se quiere
inverso a lo deseado
decepcionante como un "sí" en un "no"
e hiriente como el filo inexistente de un invisible cuchillo.
Subir cuando la incertidumbre impone quedarse o bajar,
caminar con el miedo pisándote los talones
hablar por no sentir silencios
y correr por no mirar hacia atrás.
Orden en los pensamientos: los que no gustan, a esconderlos.
Sonrisa leve por indiferencia,
trago tras otro sin pensar,
con la mirada perdida que mira sin ver.
Prisas para compensar desdichas
gritos para callar llantos
genio para ocultar debilidad
y pasión para purificar con fuego.
El día a día,
todo el mundo,
en todo momento y situación,
sin descanso más que con la muerte.
inverso a lo deseado
decepcionante como un "sí" en un "no"
e hiriente como el filo inexistente de un invisible cuchillo.
Subir cuando la incertidumbre impone quedarse o bajar,
caminar con el miedo pisándote los talones
hablar por no sentir silencios
y correr por no mirar hacia atrás.
Orden en los pensamientos: los que no gustan, a esconderlos.
Sonrisa leve por indiferencia,
trago tras otro sin pensar,
con la mirada perdida que mira sin ver.
Prisas para compensar desdichas
gritos para callar llantos
genio para ocultar debilidad
y pasión para purificar con fuego.
El día a día,
todo el mundo,
en todo momento y situación,
sin descanso más que con la muerte.
domingo, 15 de marzo de 2009
((( Inciso )))
Sonrisa, “hasta luego” y portazo, con la mochila en un hombro y ganas de cantar a voz en grito.
Bajar las escaleras corriendo, saltando en cada rellano, y tarareando.
Una última mirada al espejo de la entrada, recolocar el pelo alborotado, empujar la puerta y ¡¡a vivir!!
Fuera el sol me abraza en cuanto me ve, la hierba y las baldosas ondean con mis pasos, llevándome por caminos cada día distintos.
La alegría me palpita en el pecho, que se ríe hasta de las moscas volando; la brisa fresca me da en la cara y me revuelve el pelo, pero esta vez da igual!
Saltos y vueltas en la calle, con el brillar de los ojos hacia el cielo, disfrutando de ese azul que enamora y del blanco y el moverse de las nubes…
Infinitud, eterno, respiración… ese es el momento de cada día!!
La misma canción una y otra vez, sintiéndola y dejándose llevar por ella mientras los pies te llevan hacia delante, que no paran, que no esperan!!
¡¡Hay tanto que vivir!!
Plantas, piedras, coches, cuestas, silbidos y un jamón; todo lo veo al pasar y a todo le digo “hasta luego”… un adiós queda tan remoto…
Sentada debajo de un árbol, con música, sol, pájaros, papel y boli,
¿qué más se puede pedir?
Me fundo con ese suelo que me arropa, el aire que me envuelve y el hormigueo de dentro que no me deja estar, que quiere verlo y probarlo todo, que se enamora cada día de las pequeñas cosas, y al acostarse sonríe.
Por estos momentos merece la pena todo!!
Llego a la universidad, gente, caras, manos, palabras, vaivén, alboroto, risas, ocupaciones, vivencias…
Con la mochila en el hombro doy una vuelta a ciegas, saludando, dando besos, feliz, feliz, otra vuelta sobre mis talones y te busco con la mirada, sin verte.
Me tocas en la espalda, me doy la vuelta y me miras con tu sonrisa.
“Zas” en el pecho, sonrisa en mis labios.
Momentos que me llenan todos ellos, momentos que tengo casi a diario, como las personas, por los que vivo y muero, como los impulsos, como la melodía oculta de un paisaje, como el trino del gorrión, la libertad del mar, la frescura del aire o la calidez de la tierra.
Volteretas en el césped, calor y complicidad entre tú y yo.
Flotando en este bienestar, disfrutar de todo, respirar hondo y estar aquí.
Si con un espejo lo pudiera vivir doble…
Mirada al frente, cabeza alta: ¡¡un camino me espera!!
Bajar las escaleras corriendo, saltando en cada rellano, y tarareando.
Una última mirada al espejo de la entrada, recolocar el pelo alborotado, empujar la puerta y ¡¡a vivir!!
Fuera el sol me abraza en cuanto me ve, la hierba y las baldosas ondean con mis pasos, llevándome por caminos cada día distintos.
La alegría me palpita en el pecho, que se ríe hasta de las moscas volando; la brisa fresca me da en la cara y me revuelve el pelo, pero esta vez da igual!
Saltos y vueltas en la calle, con el brillar de los ojos hacia el cielo, disfrutando de ese azul que enamora y del blanco y el moverse de las nubes…
Infinitud, eterno, respiración… ese es el momento de cada día!!
La misma canción una y otra vez, sintiéndola y dejándose llevar por ella mientras los pies te llevan hacia delante, que no paran, que no esperan!!
¡¡Hay tanto que vivir!!
Plantas, piedras, coches, cuestas, silbidos y un jamón; todo lo veo al pasar y a todo le digo “hasta luego”… un adiós queda tan remoto…
Sentada debajo de un árbol, con música, sol, pájaros, papel y boli,
¿qué más se puede pedir?
Me fundo con ese suelo que me arropa, el aire que me envuelve y el hormigueo de dentro que no me deja estar, que quiere verlo y probarlo todo, que se enamora cada día de las pequeñas cosas, y al acostarse sonríe.
Por estos momentos merece la pena todo!!
Llego a la universidad, gente, caras, manos, palabras, vaivén, alboroto, risas, ocupaciones, vivencias…
Con la mochila en el hombro doy una vuelta a ciegas, saludando, dando besos, feliz, feliz, otra vuelta sobre mis talones y te busco con la mirada, sin verte.
Me tocas en la espalda, me doy la vuelta y me miras con tu sonrisa.
“Zas” en el pecho, sonrisa en mis labios.
Momentos que me llenan todos ellos, momentos que tengo casi a diario, como las personas, por los que vivo y muero, como los impulsos, como la melodía oculta de un paisaje, como el trino del gorrión, la libertad del mar, la frescura del aire o la calidez de la tierra.
Volteretas en el césped, calor y complicidad entre tú y yo.
Flotando en este bienestar, disfrutar de todo, respirar hondo y estar aquí.
Si con un espejo lo pudiera vivir doble…
Mirada al frente, cabeza alta: ¡¡un camino me espera!!
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