martes, 14 de mayo de 2013
Días tristes
Qué duro se hace el avance contra todo cuando lo que te apetece es vomitar todo lo que llevas en el estómago;
tanta mezcla de sentimientos parece que no suele sentar bien,
y claro, la indigestión está a la orden del día siempre.
Qué extraño es recordar, y recordar como si hubiese sido ayer cosas desde las que ha llovido, y llovido mucho, o quizás parece que aún no lo suficiente...
Me sé de memoria esta sensación, la sensación de no dejar irse a las cosas.
Aunque parece que tienen que marcharse ya, ¿no? Estarán cansadas ellas también de flotar, atemporales, en algún rincón de mi mente.
Sé que el mundo no espera y aún menos la vida; "Mi propia vida no me espera"- pienso mientras me río con cierta amargura (o quizá debería decir mucha).
También sé que en días como hoy releer cartas y libretas no me ayudará a estar bien. Pero comparado con no tener un sueño tranquilo no parece que me vaya a hacer mucho mal...
Siempre me pregunté dónde quedaban las cosas que no decíamos, que no ocurrían; las cosas que se callan... y ahora creo que lo sé.
jueves, 25 de octubre de 2012
Lluvias de octubre
Siempre pienso cuando empiezo a recordar que será la última vez, que ya no puede quitarme más el sueño ni más ganas de avanzar, pero siempre es falso.
Parece que el tema de la sinceridad con uno mismo es recurrente en mis errores y la verdad más clara que he encontrado es que nadie muere en mi recuerdo y no tengo indiferencia para todos aquellos que saqué de mi vida en su día.
Así que sí, sí te recuerdo, todos los días para ser más exacta.
He decidido empezar de cero conmigo misma, ya que me es imposible empezar a estar bien con los demás; arrastro demasiados lastres como para poder tener un futuro que no esté hecho de pasados.
Jamás estuve hecha para las despedidas y las derrotas, mi exceso de sensibilidad con las cosas que me importan me hacía construir "muros" y defensas inútiles para protegerme, pero finalmente cuando el daño está hecho y todos caen, ves que no servían.
Sólo estás tú contigo en ese momento, y con una miríada de recuerdos que te sobrevuelan como pájaros con caras humanas.
Entonces lo entendí, tenías razón. Los adioses no existen.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Tarde como siempre
Más vale tarde que nunca, y aceptar que aún me queda mucho por hacer con todo este lío y que más aún me queda para estar bien será mi primer paso para... ¿para qué? Nada va a cambiar ya, contigo se fueron los sueños que yo quería hasta ahora y tengo que aprender a ver las cosas de otra forma, como también te dije a tí que debías hacer.
Parece que no era un consejo unilateral... es todo lo que yo puedo sacar de aquí, siguen faltándome unos porqués que aún hoy me pegan fuerte al mirar atrás.
Supongo que son esos golpes, los que realmente nos dinamitan por dentro, los que te hacen aprender algo. Eso sí, si se quiere mirar detrás del dolor lacerante que provocan.
Se me hace rara la vida que contemplo sin esos brillos dorados y amarillos que antes veía a veces, el vacío está en su lugar ahora en forma de ausencia; ausencia de alguien y de tantas y tantas cosas que sé que ya he perdido para no volver a encontrar más.
Me guío por la frase "El dolor es inevitable, el sufrimiento opcional" y trato de no torturarme con recuerdos, frases y miles de pequeños detalles que cada día me lo recuerdan todo de nuevo, aunque intente no perder la sonrisa.
Muchas veces he sentido el sabor amargo de lo que podría llamar una derrota conmigo misma y de sobredosis no se muere, pero sí se apagan partes del ser.
Quizá todo eso que quería realmente nunca fue para mí y me empeñé en vivirlo como si fuese a cumplirse, sin pararme a ver nada más e ignorando lo que podía truncarlo.
Esa también es mi lección: Desconfía de lo que puede hacerte muy feliz, porque también puede hacerte mucho mal. No conviene olvidarse de esto, y yo lo hice.
Lamento profundamente que las cosas hayan tenido que ser así, ojalá no hubiera sido necesario tanto dolor para ninguno de los dos; pero las cosas ocurren por alguna razón y ahora sé que yo no podía ayudarte. El futuro es incierto y la verdad es que lo único que se tiene es el presente, el presente del ahora y aquí.
lunes, 2 de julio de 2012
+
Atrapada.
Así me siento, entre dos fuerzas contrapuestas e iguales que luchan en mi interior, tomando en mi cansado corazón su campo de batalla.
A un lado, todo lo que sentí un día y cuyos restos me cubren como harapos sangrantes; a otro un torbellino de dolor y rabia que a veces me sitia y golpea con fuerza...
Supongo que necesito creer que hay un gran paisaje cuando miro a un terreno totalmente desierto; incluso quiero hacerlo, creer, pero me siento impotente, indolente.
Como si mis muros hubiesen caído y hubieran sido barridas hasta las cenizas que dejaron al desplomarse. Vacía...
No tenía que ser así, ¡no tenías que hacerlo así!
Dejarme partida en dos, cubierta de heridas profundas, con los restos de mi confianza muerta a mi alrededor y con un horizonte despejado de nubes de sueños.
Y vuelven los golpes de frente de los dos gigantes en mis adentros; sin que se sepa quién gana pero sí quién pierde más a cada golpe: yo.
Así me siento, entre dos fuerzas contrapuestas e iguales que luchan en mi interior, tomando en mi cansado corazón su campo de batalla.
A un lado, todo lo que sentí un día y cuyos restos me cubren como harapos sangrantes; a otro un torbellino de dolor y rabia que a veces me sitia y golpea con fuerza...
Supongo que necesito creer que hay un gran paisaje cuando miro a un terreno totalmente desierto; incluso quiero hacerlo, creer, pero me siento impotente, indolente.
Como si mis muros hubiesen caído y hubieran sido barridas hasta las cenizas que dejaron al desplomarse. Vacía...
No tenía que ser así, ¡no tenías que hacerlo así!
Dejarme partida en dos, cubierta de heridas profundas, con los restos de mi confianza muerta a mi alrededor y con un horizonte despejado de nubes de sueños.
Y vuelven los golpes de frente de los dos gigantes en mis adentros; sin que se sepa quién gana pero sí quién pierde más a cada golpe: yo.
jueves, 28 de junio de 2012
Cielo de tormenta
¿Y si sólo soy el reflejo parecido de lo que un día quisiste?
¿Seré esa sombra de, esa esperanza (valga la irónica redundancia)de no haberlo perdido completamente?
O puede que sea como un corcho en el mar, únicamente un vaso de agua en un desierto.
Algo que no llega a florecer nunca, porque no tiene raíz.
¿Y quién lo sabe? Yo no, desde luego.
Y la amargura de volver a sentir que no soy de ninguna parte, que nunca es suficiente y que siempre voy dos pasos por detrás me roba las noches, el aire y la sonrisa.
Vuelvo a sentir que se acerca, la tormenta con la que sueño de noche empieza a forjarse en mí... no sé qué más hacer para evitarla, me descubro a mí misma el secreto de que no soy suficiente para pararla. Y mis pies se niegan a andar ya.
¿Seré esa sombra de, esa esperanza (valga la irónica redundancia)de no haberlo perdido completamente?
O puede que sea como un corcho en el mar, únicamente un vaso de agua en un desierto.
Algo que no llega a florecer nunca, porque no tiene raíz.
¿Y quién lo sabe? Yo no, desde luego.
Y la amargura de volver a sentir que no soy de ninguna parte, que nunca es suficiente y que siempre voy dos pasos por detrás me roba las noches, el aire y la sonrisa.
Vuelvo a sentir que se acerca, la tormenta con la que sueño de noche empieza a forjarse en mí... no sé qué más hacer para evitarla, me descubro a mí misma el secreto de que no soy suficiente para pararla. Y mis pies se niegan a andar ya.
miércoles, 27 de junio de 2012
Y si...
¿Y si...?
¿Y si todas esas palabras que me callo terminasen por volverse contra mí?
¿Si todos los sentimientos que intento callar y desterrar luego vienen más grandes a por mí?
Si el malestar se acabase multiplicando...
O si dejo de entender el por qué sigo aquí.
Inexplicable para mí ahora, ahora que soy una contradicción caminante.
Es todo tan contrapuesto... y a veces quiero bajarme de esta montaña rusa, pero a veces no. ¿Hasta dónde llegará mi curiosidad? ¿Superará a la más fuerte de mis emociones actuales? Esperar para ver, supongo. Tiempo, para variar...
Un amigo cruel que me remite a dos opuestos todo el tiempo: amor y dolor.
Asistir desde la lejanía a un nacimiento nunca fue tan emocionante y doloroso al mismo tiempo. Demasiadas implicaciones como para sólo sentirme feliz de ello.
Y en estos momentos, en los que la tristeza me apresa, es cuando me siento un ser peor.
Y lo peor es que esta vez no hay carrera que me alivie.
¿Y si todas esas palabras que me callo terminasen por volverse contra mí?
¿Si todos los sentimientos que intento callar y desterrar luego vienen más grandes a por mí?
Si el malestar se acabase multiplicando...
O si dejo de entender el por qué sigo aquí.
Inexplicable para mí ahora, ahora que soy una contradicción caminante.
Es todo tan contrapuesto... y a veces quiero bajarme de esta montaña rusa, pero a veces no. ¿Hasta dónde llegará mi curiosidad? ¿Superará a la más fuerte de mis emociones actuales? Esperar para ver, supongo. Tiempo, para variar...
Un amigo cruel que me remite a dos opuestos todo el tiempo: amor y dolor.
Asistir desde la lejanía a un nacimiento nunca fue tan emocionante y doloroso al mismo tiempo. Demasiadas implicaciones como para sólo sentirme feliz de ello.
Y en estos momentos, en los que la tristeza me apresa, es cuando me siento un ser peor.
Y lo peor es que esta vez no hay carrera que me alivie.
lunes, 25 de junio de 2012
Exhalación
La pregunta que nunca me formulaste, y que a ambos nos hace sentir así es sí, sí me llegan...
¿Te llegará a tí la voluntad que forjas hasta el final de tu camino? No un final, que final no hay, sino hasta ese punto que me prometiste...
Hoy, he aprendido una cosa. La diferencia entre querer algo de verdad y tener un deseo sobre algo. Son cosas distintas, que la mayoría del mundo confunde. Deseo con toda mi alma que a tí no te pase, y que si lo hace lo sepas ver y rectificar...
Llego a un punto en el que descubro mis límites emocionales, incluso físicos; nunca había sabido realmente hasta dónde puedo soportar. Menos ahora, ahora sí camino por ellos vertiginosamente rápido, y sólo cuento con mi voluntad para no caer al otro lado...
Te preguntas si me llegarán tus latidos. Cómo no van a llegarme, si fueron lo que un día me dibujaba la sonrisa por la mañana y me la mantenían durante todo el día...
Yo me pregunto si caerás en el desánimo y lo fácil. Quiero ver de qué pasta estás hecho, y hasta dónde puedes llevar un sueño aunque creas que es imposible.
¿Recuerdas aquello de "No me importa si es difícil, quiero saber si es posible"? Sé hasta dónde llego yo, ¿serás capaz de venir?
El mundo no para, no se detiene a esperarnos. Y cuando más cansados estamos, es cuando más se exige de nosotros. Todos decidimos si nos quedamos sentados o continuamos aunque duela, es lo que realmente distingue a las personas...
Aunque la duda ahora me esté asfixiando.
¿Te llegará a tí la voluntad que forjas hasta el final de tu camino? No un final, que final no hay, sino hasta ese punto que me prometiste...
Hoy, he aprendido una cosa. La diferencia entre querer algo de verdad y tener un deseo sobre algo. Son cosas distintas, que la mayoría del mundo confunde. Deseo con toda mi alma que a tí no te pase, y que si lo hace lo sepas ver y rectificar...
Llego a un punto en el que descubro mis límites emocionales, incluso físicos; nunca había sabido realmente hasta dónde puedo soportar. Menos ahora, ahora sí camino por ellos vertiginosamente rápido, y sólo cuento con mi voluntad para no caer al otro lado...
Te preguntas si me llegarán tus latidos. Cómo no van a llegarme, si fueron lo que un día me dibujaba la sonrisa por la mañana y me la mantenían durante todo el día...
Yo me pregunto si caerás en el desánimo y lo fácil. Quiero ver de qué pasta estás hecho, y hasta dónde puedes llevar un sueño aunque creas que es imposible.
¿Recuerdas aquello de "No me importa si es difícil, quiero saber si es posible"? Sé hasta dónde llego yo, ¿serás capaz de venir?
El mundo no para, no se detiene a esperarnos. Y cuando más cansados estamos, es cuando más se exige de nosotros. Todos decidimos si nos quedamos sentados o continuamos aunque duela, es lo que realmente distingue a las personas...
Aunque la duda ahora me esté asfixiando.
miércoles, 20 de junio de 2012
.
Vuelven las noches y los días llenos de ansiedad,
se han desenterrado de mi memoria y llegan dispuestos a quedarse...
se han desenterrado de mi memoria y llegan dispuestos a quedarse...
Niebla
Tiempo, lento.
Susurros que se escapan de mi piel, de mi ser.
Horas en demasía por delante de este nudo en el pecho que no afloja.
Y otra vez el tiempo, lento.
Haciendo que los minutos pesen, que pasen ante mis ojos mirándolos ir y sin saber qué decir.
¿Perdida? No. Sólo desarmada, aunque esta vez al menos me tuve el detalle de querer.
Me parecen estos minutos angustiosos los mismos que un día tuve atragantados, es como si ya los conociera.
Pero esta vez no pongo resistencia; este mismo tiempo que ahora me ahoga será el que responda mis preguntas más apremiantes.
Y el mismo que confío que no me deje coger resentimientos.
Aunque demasiadas y discordantes emociones asolan ahora mi cabeza, que no para un segundo.
Lo he entendido, ahora lo sé: debo dejar marchar a los reflejos de estrellas doradas, que ya no tienen cabida aquí y sólo me vuelven a traer nudos ansiosos en el pecho.
Tiempo, y espacio. Incertidumbre. Espero que no te pierdas otra vez en la niebla.
Susurros que se escapan de mi piel, de mi ser.
Horas en demasía por delante de este nudo en el pecho que no afloja.
Y otra vez el tiempo, lento.
Haciendo que los minutos pesen, que pasen ante mis ojos mirándolos ir y sin saber qué decir.
¿Perdida? No. Sólo desarmada, aunque esta vez al menos me tuve el detalle de querer.
Me parecen estos minutos angustiosos los mismos que un día tuve atragantados, es como si ya los conociera.
Pero esta vez no pongo resistencia; este mismo tiempo que ahora me ahoga será el que responda mis preguntas más apremiantes.
Y el mismo que confío que no me deje coger resentimientos.
Aunque demasiadas y discordantes emociones asolan ahora mi cabeza, que no para un segundo.
Lo he entendido, ahora lo sé: debo dejar marchar a los reflejos de estrellas doradas, que ya no tienen cabida aquí y sólo me vuelven a traer nudos ansiosos en el pecho.
Tiempo, y espacio. Incertidumbre. Espero que no te pierdas otra vez en la niebla.
viernes, 16 de marzo de 2012
Granizo
Nadie, nunca, podría decir, viendo el cielo azul tan claro ahora que se extendía vasto en el horizonte, que alguna vez hubiera sido completamente negro y cubierto de nubes de granizo.
Lo recuerdan los ancianos, únicos pobladores del lugar antes del diluvio y mientras duró; toda la gente a día de hoy que había en la aldea eran recién llegados desde diferentes sitios. Ellos nunca sabrían el sonido que hacía esa magnífica cúpula azul al estallar y caer en pedazos sobre ellos rugiendo como el trueno, porque les había tocado vivir en la calma que deja tras de sí la tormenta.
Los recuerdos de aquellos días permanecen sin embargo en la memoria del lugar; bajo cada piedra aún se ven restos de aquellos tiempos, el aire aún guarda memoria del humo de las hogueras…
Y el suelo, los campos fértiles y frondosos, cultivados sobre las cenizas del anterior imperio, crecen llenos de vida, ajenos a que se alimentan de muerte.
Es el ciclo ininterrumpido, ¿no? Todo es un círculo… ¿Quién se toma la molestia de excavar para ver lo que hay debajo? Demasiados ojos lo han ignorado ya… por miedo al dolor, y quizá a descubrir que nada de lo que yace bajo esta tierra de belleza y calma se ha ido; la esencia se mantiene ante todos ellos invisible, silente, estática: muda.
Podrían plantarse generaciones de árboles en esa tierra, todas crecerían y serían espléndidas. ¿Por qué, entonces, ha de investigarse dónde está? ¿Lo que ocurrió? ¿Importa acaso el pasado ante un presente magnífico? ¿Se puede arrastrar toda una vida en un saco de olvido para llevarla al futuro?
Pesa… el pasado pesa como duras piedras atadas a los pies. Hace que cada vez caminemos más lento, sin darnos cuenta. Puede incluso hacer que paremos, y no darnos cuenta.
¿Es perder el tiempo pararse a quitar piedrecitas de nuestros pies alguna vez? ¿Viviré menos intensamente, no me ancla eso a un tiempo ya sucedido?
Tantas preguntas me asaltan… tantas, tanto tiempo escondidas e ignoradas.
Y yo sin respuestas en los bolsillos…
Lo recuerdan los ancianos, únicos pobladores del lugar antes del diluvio y mientras duró; toda la gente a día de hoy que había en la aldea eran recién llegados desde diferentes sitios. Ellos nunca sabrían el sonido que hacía esa magnífica cúpula azul al estallar y caer en pedazos sobre ellos rugiendo como el trueno, porque les había tocado vivir en la calma que deja tras de sí la tormenta.
Los recuerdos de aquellos días permanecen sin embargo en la memoria del lugar; bajo cada piedra aún se ven restos de aquellos tiempos, el aire aún guarda memoria del humo de las hogueras…
Y el suelo, los campos fértiles y frondosos, cultivados sobre las cenizas del anterior imperio, crecen llenos de vida, ajenos a que se alimentan de muerte.
Es el ciclo ininterrumpido, ¿no? Todo es un círculo… ¿Quién se toma la molestia de excavar para ver lo que hay debajo? Demasiados ojos lo han ignorado ya… por miedo al dolor, y quizá a descubrir que nada de lo que yace bajo esta tierra de belleza y calma se ha ido; la esencia se mantiene ante todos ellos invisible, silente, estática: muda.
Podrían plantarse generaciones de árboles en esa tierra, todas crecerían y serían espléndidas. ¿Por qué, entonces, ha de investigarse dónde está? ¿Lo que ocurrió? ¿Importa acaso el pasado ante un presente magnífico? ¿Se puede arrastrar toda una vida en un saco de olvido para llevarla al futuro?
Pesa… el pasado pesa como duras piedras atadas a los pies. Hace que cada vez caminemos más lento, sin darnos cuenta. Puede incluso hacer que paremos, y no darnos cuenta.
¿Es perder el tiempo pararse a quitar piedrecitas de nuestros pies alguna vez? ¿Viviré menos intensamente, no me ancla eso a un tiempo ya sucedido?
Tantas preguntas me asaltan… tantas, tanto tiempo escondidas e ignoradas.
Y yo sin respuestas en los bolsillos…
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Gotas de mar
El camino de piedras salpicadas sobre la superficie del mar llega más allá de la vista en la distancia, fundiéndose con los primeros rayos de un sol que emerge, brillante, del agua.
Ella, sentada en la orilla con las piernas cruzadas bajo una falda, provista de unas botas de agua y un impermeable que le sirve de protección, contempla la escena.
Contemplar se convirtió en algún momento en el plato fuerte de alguien que no comía, que se saciaba viendo comer.
Hoy se levanta, se quita las botas y se sube a la primera piedra, de la que el equilibrio empuja a saltar sobre la segunda, con los brazos hacia arriba, los ojos cerrados y el corazón palpitante.
Se vuelve hacia la orilla: A escasos dos metros, él está sentado en la arena y la mira con esa intensidad arrolladora que le hace erizarse la piel.
"¿Vienes conmigo a dar un paseo?"- susurrra mientras le tiende la mano, mirándole a los ojos, el tiempo suspendido...
Ella, sentada en la orilla con las piernas cruzadas bajo una falda, provista de unas botas de agua y un impermeable que le sirve de protección, contempla la escena.
Contemplar se convirtió en algún momento en el plato fuerte de alguien que no comía, que se saciaba viendo comer.
Hoy se levanta, se quita las botas y se sube a la primera piedra, de la que el equilibrio empuja a saltar sobre la segunda, con los brazos hacia arriba, los ojos cerrados y el corazón palpitante.
Se vuelve hacia la orilla: A escasos dos metros, él está sentado en la arena y la mira con esa intensidad arrolladora que le hace erizarse la piel.
"¿Vienes conmigo a dar un paseo?"- susurrra mientras le tiende la mano, mirándole a los ojos, el tiempo suspendido...
martes, 22 de noviembre de 2011
Cuatro letras
No es posible…
Miro a la niña, aún sentada en el suelo mientras trata de mover las pesadas cadenas que un día ella misma me pidió que le pusiera.
Y las mueve… despacio, pero va deshaciendo todos los viejos nudos atados un día con frustración y dolor, apretados hasta casi la rotura.
-Mi niña, ¿qué haces? ¿Por qué mueves eso, pequeña? Recuerda que es muy pesado para ti y podrías hacerte daño -- le indico suavemente.
Ella vuelve la cabeza hacia mí, y me da una mirada desconocida hasta ahora y que me haría temblar las piernas, si las tuviera. Está sonriendo, sobre todo sus ojos.
*Es que con esto no puedo salir afuera, pesa mucho. No me haré daño, ya he crecido y puedo levantarlas – y orgullosa me muestra su nueva habilidad.
-¿Y por qué quieres salir fuera? Todo es más frío allí, hay miles de cosas que pueden herirte, tú misma me lo dijiste cuando llegaste y me pediste esto. ¿No prefieres quedarte conmigo aquí? Yo te cuidaré bien, como hasta ahora.
Callo para que no me sienta temblar la voz… Curioso, esto de asustarme siendo mi misma esencia. Me mira… me mira con esos ojos llenos de determinación e ilusión, y yo… sólo puedo aceptar una derrota anticipada a esta batalla. Hay miradas que matan...
*Quiero salir porque fuera hay vida-- dice mirándome con seriedad, mientras yo intuyo una voluntad inamovible.
-Ya sabes que sólo tú puedes soltarte; sólo tú tienes la clave, yo ya no la recuerdo. Me dijiste que no te irías nunca… y yo la olvidé—sonrío amargamente a mi niña, mientras siento cómo empiezo a desdibujarme de la cálida y segura estancia.
*Sí… estaba equivocada. Ignoraba que era capaz de tantas cosas… y quiero hacerlas, sensei. Sin ayuda esta vez. Y creo que la clave empezaba por A…
Oigo sus palabras como en la distancia, me siento cada vez más débil mientras veo cómo ella se afana en encontrar la palabra correcta, y alza ya sin problemas los grilletes. ¿En qué momento recordó su nombre y yo no me di cuenta?
*Ahora una ‘M’…
Me siento incapaz de escucharla ya, voy disolviéndome en el aire y alejándome lentamente hacia el techo, ya no me necesita. Cuando vuelva a girarse yo ya no estaré, y ni siquiera me he despedido…
*Viene una ‘O’ creo… y por último probaré con la ‘R’.
*¡Bien! ¡Bien, bien! –grito contenta cuando el candado cae al suelo.
¡Sensei! ¡Mira, lo he hecho yo sola! – Me giro para enseñarle mis muñecas libres, pero él ya no está. Miro el sillón que antes ocupaba sin entender... no le he oído marcharse.
*Adiós… -- susurro al aire de la casa, mientras apago la chimenea.
Cojo el abrigo y el gorro despacio, y me acerco a la puerta. Siento el corazón acelerado y me tiembla el pulso. Giro el picaporte… y abro.
Miro a la niña, aún sentada en el suelo mientras trata de mover las pesadas cadenas que un día ella misma me pidió que le pusiera.
Y las mueve… despacio, pero va deshaciendo todos los viejos nudos atados un día con frustración y dolor, apretados hasta casi la rotura.
-Mi niña, ¿qué haces? ¿Por qué mueves eso, pequeña? Recuerda que es muy pesado para ti y podrías hacerte daño -- le indico suavemente.
Ella vuelve la cabeza hacia mí, y me da una mirada desconocida hasta ahora y que me haría temblar las piernas, si las tuviera. Está sonriendo, sobre todo sus ojos.
*Es que con esto no puedo salir afuera, pesa mucho. No me haré daño, ya he crecido y puedo levantarlas – y orgullosa me muestra su nueva habilidad.
-¿Y por qué quieres salir fuera? Todo es más frío allí, hay miles de cosas que pueden herirte, tú misma me lo dijiste cuando llegaste y me pediste esto. ¿No prefieres quedarte conmigo aquí? Yo te cuidaré bien, como hasta ahora.
Callo para que no me sienta temblar la voz… Curioso, esto de asustarme siendo mi misma esencia. Me mira… me mira con esos ojos llenos de determinación e ilusión, y yo… sólo puedo aceptar una derrota anticipada a esta batalla. Hay miradas que matan...
*Quiero salir porque fuera hay vida-- dice mirándome con seriedad, mientras yo intuyo una voluntad inamovible.
-Ya sabes que sólo tú puedes soltarte; sólo tú tienes la clave, yo ya no la recuerdo. Me dijiste que no te irías nunca… y yo la olvidé—sonrío amargamente a mi niña, mientras siento cómo empiezo a desdibujarme de la cálida y segura estancia.
*Sí… estaba equivocada. Ignoraba que era capaz de tantas cosas… y quiero hacerlas, sensei. Sin ayuda esta vez. Y creo que la clave empezaba por A…
Oigo sus palabras como en la distancia, me siento cada vez más débil mientras veo cómo ella se afana en encontrar la palabra correcta, y alza ya sin problemas los grilletes. ¿En qué momento recordó su nombre y yo no me di cuenta?
*Ahora una ‘M’…
Me siento incapaz de escucharla ya, voy disolviéndome en el aire y alejándome lentamente hacia el techo, ya no me necesita. Cuando vuelva a girarse yo ya no estaré, y ni siquiera me he despedido…
*Viene una ‘O’ creo… y por último probaré con la ‘R’.
*¡Bien! ¡Bien, bien! –grito contenta cuando el candado cae al suelo.
¡Sensei! ¡Mira, lo he hecho yo sola! – Me giro para enseñarle mis muñecas libres, pero él ya no está. Miro el sillón que antes ocupaba sin entender... no le he oído marcharse.
*Adiós… -- susurro al aire de la casa, mientras apago la chimenea.
Cojo el abrigo y el gorro despacio, y me acerco a la puerta. Siento el corazón acelerado y me tiembla el pulso. Giro el picaporte… y abro.
martes, 1 de noviembre de 2011
Nubes oscuras
Sujeto el lápiz con los dedos,
jugando a darle vueltas,
y cae otra vez...
El papel sigue blanco, y yo me aliso el pelo con las manos lentamente...
Pulso tembloroso que agitas mis dedos,
déjame comprenderte,
déjame al menos, ya que soy tu presa, saber el por qué..
No hay respuesta, y la voz vuelve a morir esta noche en la garganta sin salir de ella.
¿Angustia? ¿Nervios? ¿Impaciencia? ¿O algo más profundo quizá?
Nada se me responde, nada me trae calma a este momento en el que el cuerpo me tiembla como un drogadicto en abstinencia;
al momento en el que me caen lágrimas que no parecen mías
sobre un regazo que tiene frío, un frío invernal que me obliga a abrazar mis rodillas y llorar sobre ellas...
No entiendo... y da igual.
No quiero entender, pues he decidido aceptar y firme me mantengo.
Quizás siempre me superó la vida, que se rió de mí cuando le dije presa del coraje que sería mía y no del revés, dándome media vuelta y marchándome...
Aprieto los dientes con la cabeza baja,
recordando la sensación de haber vuelto a perder, tan familiar antaño...
La luz de la luna baña mi silueta, muda, donde siempre estuvo;
dejo a la noche entrar en mí y me desvanezco en el aire, volviendo a la nada;
una nada acogedora en la que espero poder dormir.
jugando a darle vueltas,
y cae otra vez...
El papel sigue blanco, y yo me aliso el pelo con las manos lentamente...
Pulso tembloroso que agitas mis dedos,
déjame comprenderte,
déjame al menos, ya que soy tu presa, saber el por qué..
No hay respuesta, y la voz vuelve a morir esta noche en la garganta sin salir de ella.
¿Angustia? ¿Nervios? ¿Impaciencia? ¿O algo más profundo quizá?
Nada se me responde, nada me trae calma a este momento en el que el cuerpo me tiembla como un drogadicto en abstinencia;
al momento en el que me caen lágrimas que no parecen mías
sobre un regazo que tiene frío, un frío invernal que me obliga a abrazar mis rodillas y llorar sobre ellas...
No entiendo... y da igual.
No quiero entender, pues he decidido aceptar y firme me mantengo.
Quizás siempre me superó la vida, que se rió de mí cuando le dije presa del coraje que sería mía y no del revés, dándome media vuelta y marchándome...
Aprieto los dientes con la cabeza baja,
recordando la sensación de haber vuelto a perder, tan familiar antaño...
La luz de la luna baña mi silueta, muda, donde siempre estuvo;
dejo a la noche entrar en mí y me desvanezco en el aire, volviendo a la nada;
una nada acogedora en la que espero poder dormir.
Llaves
Reformas internas, sí, pero estoy muy lejos de cerrar por obras…
En mitad de la estepa,
Compuesta por frío, amarga desolación y frentes en el suelo,
Encuentras un refugio, ¡un refugio!
No preguntes si puedes pasar, ya estás dentro…
Tic, tac, tic, tac…
Susurros de pieles y de labios suben la temperatura,
Y me empiezan a quitar ropa, mientras yo miro sin protestar.
Dedos, ágiles, que escriben historias interminables de promesas, futuros y pasados;
Sobre teclas o sobre miradas,
Miradas que hablan mucho más que palabras
Y que relucen en la oscuridad por la sinceridad de su brillo;
Al mismo tiempo que tras las pestañas de unos párpados cerrados caen candados centenarios a modo de lluvia del pasado;
Ya no ahoga, ni duelen los golpes del acero contra el suelo manchado de sangre seca…
Tinta negra redibuja,
Siguiendo hileras tal vez caprichosas y largo tiempo secas;
Llueve polvo del cielo,
El mismo que afirmaba poder volar para siempre…
Unas botas dan un paso en la calle mientras arrecia la lluvia,
Contempla el cielo cuajado de electricidad,
Dudas y calma VS ilusión y llamas en su mente.
Y la certeza de seguir caminando hacia delante con paso firme,
Puede que más seguro que nunca hasta ahora…
El túnel del tiempo es un juguete cruel…
Y cruzarse en el camino, un presente innegable.
En mitad de la estepa,
Compuesta por frío, amarga desolación y frentes en el suelo,
Encuentras un refugio, ¡un refugio!
No preguntes si puedes pasar, ya estás dentro…
Tic, tac, tic, tac…
Susurros de pieles y de labios suben la temperatura,
Y me empiezan a quitar ropa, mientras yo miro sin protestar.
Dedos, ágiles, que escriben historias interminables de promesas, futuros y pasados;
Sobre teclas o sobre miradas,
Miradas que hablan mucho más que palabras
Y que relucen en la oscuridad por la sinceridad de su brillo;
Al mismo tiempo que tras las pestañas de unos párpados cerrados caen candados centenarios a modo de lluvia del pasado;
Ya no ahoga, ni duelen los golpes del acero contra el suelo manchado de sangre seca…
Tinta negra redibuja,
Siguiendo hileras tal vez caprichosas y largo tiempo secas;
Llueve polvo del cielo,
El mismo que afirmaba poder volar para siempre…
Unas botas dan un paso en la calle mientras arrecia la lluvia,
Contempla el cielo cuajado de electricidad,
Dudas y calma VS ilusión y llamas en su mente.
Y la certeza de seguir caminando hacia delante con paso firme,
Puede que más seguro que nunca hasta ahora…
El túnel del tiempo es un juguete cruel…
Y cruzarse en el camino, un presente innegable.
jueves, 28 de julio de 2011
Inexplicación previsible inevitable
Un bonito paisaje de muros y murallas se extiende majestuoso e incognoscible ante tus ojos.
A vista de pájaro, verías los muros casi avanzar hacia tí, mientras tú estás sentada en el suelo, mirándolos, satisfecha.
La belleza de la piedra tallada y construida te enmudece, te mantiene en un estado de hipnosis que ni los truenos de la tormenta que se aproxima consiguen vencer.
Sigues sentada, de piernas cruzadas, enredando los cordones de los zapatos en tus dedos, oliendo la electricidad del ambiente mezclada con la humedad del suelo y la tuya propia, sin ninguna intención de moverte.
Oyes a lo lejos ruidos de cascos de caballos, aunque ni siquiera levantas la cabeza porque sabes que no podrá entrar, dará media vuelta en el primer o segundo muro, dejándote sola y a salvo, tranquila otra vez.
Suspiras de alivio al oírlo alejarse; no ha podido. Te tumbas sobre la hierba fresca, mientras el viento frío de lluvia va haciéndose más evidente.
Cierras los ojos, respira hondo: Esta nada es tuya otra vez, y sólo tuya. Te protege de mucho más de lo que cualquier arma de fuego podría hacerlo.
Comienzan a caer pequeñas gotas seguidas, que te mojan la nariz y el pelo, las manos y la ropa, y te desnudas tras los muros, saltando y caminando entre el césped.
La lluvia empieza a arreciar, más fuerte cada vez, empapando tu muda sonrisa al compás de los relámpagos.
De pronto, detienes tu baile: Has oído un caballo que se acerca rápidamente bajo la tormenta. No haces caso, sabes que se irá o rodeará los muros. Nadie conoce lo que hay detrás; nadie sabe de tu existencia, tranquila.
Oyes un golpe en el muro, y una voz hablando al viento. Quédate callada, no delates tu presencia: puedes hacer lo de siempre, haz ruido al otro lado, llévalo al camino y se irá.
No parece importarle al desconocido, que tras callar un momento renueva sus golpes y eleva su tono, llamando.
La curiosidad puede más que el miedo, y te acercas al muro en el que golpea. Apoyas la cabeza, y escuchas lo que dice unos segundos.
Aún no se va, ya se cansará. Sigues escuchando las floridas palabras que recita pidiendo entrar a cambio de agua;"¡si fuera llueve mucho!"- piensas.
El desconocido sigue empeñado en entrar, y al alejarte del muro haces un ruido con los pies, que ha escuchado.
Te quedas mirando con los ojos agrandados por el miedo, pero no puedes dejar de escuchar. Sigue golpeando con fuerza, ahora ha cambiado el tono por uno mucho más tranquilo.
Por un momento, te preguntas qué pasaría si abrieses. Sólo un muro, sólo uno.
Quedan muchos más, ¿no? Te acercas a la puerta muerta de miedo, llevada sólo por tus pies que se empeñan en ir hacia allí.
Vuelves a intentar escuchar tras las piedras, y oyes en voz baja el susurro de tu nombre pronuciado con esa voz tan intensa.
¿Y si...? Abres. Muy tarde para echarte atrás, tus sentidos ya han decidido por tí y les obedeces...
Como si tuvieses.
Como si mandasen.
Como si lo recordasen.
Como si tuvieses otra elección...
Ahora, seamos amables... si recuerdas cómo se hacía (improvisaremos).
El recién llegado blande una sonrisa y te saluda con una inclinación de cabeza.
A vista de pájaro, verías los muros casi avanzar hacia tí, mientras tú estás sentada en el suelo, mirándolos, satisfecha.
La belleza de la piedra tallada y construida te enmudece, te mantiene en un estado de hipnosis que ni los truenos de la tormenta que se aproxima consiguen vencer.
Sigues sentada, de piernas cruzadas, enredando los cordones de los zapatos en tus dedos, oliendo la electricidad del ambiente mezclada con la humedad del suelo y la tuya propia, sin ninguna intención de moverte.
Oyes a lo lejos ruidos de cascos de caballos, aunque ni siquiera levantas la cabeza porque sabes que no podrá entrar, dará media vuelta en el primer o segundo muro, dejándote sola y a salvo, tranquila otra vez.
Suspiras de alivio al oírlo alejarse; no ha podido. Te tumbas sobre la hierba fresca, mientras el viento frío de lluvia va haciéndose más evidente.
Cierras los ojos, respira hondo: Esta nada es tuya otra vez, y sólo tuya. Te protege de mucho más de lo que cualquier arma de fuego podría hacerlo.
Comienzan a caer pequeñas gotas seguidas, que te mojan la nariz y el pelo, las manos y la ropa, y te desnudas tras los muros, saltando y caminando entre el césped.
La lluvia empieza a arreciar, más fuerte cada vez, empapando tu muda sonrisa al compás de los relámpagos.
De pronto, detienes tu baile: Has oído un caballo que se acerca rápidamente bajo la tormenta. No haces caso, sabes que se irá o rodeará los muros. Nadie conoce lo que hay detrás; nadie sabe de tu existencia, tranquila.
Oyes un golpe en el muro, y una voz hablando al viento. Quédate callada, no delates tu presencia: puedes hacer lo de siempre, haz ruido al otro lado, llévalo al camino y se irá.
No parece importarle al desconocido, que tras callar un momento renueva sus golpes y eleva su tono, llamando.
La curiosidad puede más que el miedo, y te acercas al muro en el que golpea. Apoyas la cabeza, y escuchas lo que dice unos segundos.
Aún no se va, ya se cansará. Sigues escuchando las floridas palabras que recita pidiendo entrar a cambio de agua;"¡si fuera llueve mucho!"- piensas.
El desconocido sigue empeñado en entrar, y al alejarte del muro haces un ruido con los pies, que ha escuchado.
Te quedas mirando con los ojos agrandados por el miedo, pero no puedes dejar de escuchar. Sigue golpeando con fuerza, ahora ha cambiado el tono por uno mucho más tranquilo.
Por un momento, te preguntas qué pasaría si abrieses. Sólo un muro, sólo uno.
Quedan muchos más, ¿no? Te acercas a la puerta muerta de miedo, llevada sólo por tus pies que se empeñan en ir hacia allí.
Vuelves a intentar escuchar tras las piedras, y oyes en voz baja el susurro de tu nombre pronuciado con esa voz tan intensa.
¿Y si...? Abres. Muy tarde para echarte atrás, tus sentidos ya han decidido por tí y les obedeces...
Como si tuvieses.
Como si mandasen.
Como si lo recordasen.
Como si tuvieses otra elección...
Ahora, seamos amables... si recuerdas cómo se hacía (improvisaremos).
El recién llegado blande una sonrisa y te saluda con una inclinación de cabeza.
jueves, 14 de julio de 2011
Vómitos hepáticos
Son estos días,
estos días en los que el aire sobre tí pesa;
obligándote a agachar la cabeza...
Los fragmentos de tiempo en los que te das cuenta de que corres sobre una arena movediza,
que te deja huir riéndose de tu convicción.
Y ya no caerás de bruces, porque muchas otras veces lo has hecho;
pero caerás de rodillas.
Cada vez más falto de alma, cada vez más agotado,
cada vez con menos aire, con menos corazón.
Así volverás a salir del lodo, y estarás listo para una nueva carrera contra tí mismo, una carrera que te va despojando de cada trozo de humanidad que te queda cuando vas llegando a la siguiente meta.
¿Quieres mirar atrás? ¡Hazlo!
¡Mira con nostalgia todo lo que te hizo feliz en un pasado y ahora ya no significa nada, nada, nada!
¿Qué creías? ¿Que eras la reina del mundo cuando miraste todo desde arriba en tu montaña?
Sufre ahora, y muere después, a causa de tu dolor.
Nadie puede, ni va a ayudarte. Ni siquiera les aceptarías, admítelo. Sólo puedes morir sola, igual que naciste y viviste.
Es un hecho que los errores de la naturaleza existen,
también es un hecho que jamás esto será para tí.
Ahora te surgen mares de agua en los ojos,
quieres protestar y contradecirme ejemplificando con personas de tu alrededor...
Ya, pero ¿sabes?
Ellas sí han encontrado un camino aquí que les hace felices. Tú no.
Puedo esperar toda tu vida a que vengas hacia mí, o que te des cuenta y decidas verme antes. Aquí estaré para tí, yo sí te amo lo suficiente como para poder quitarte todo tu dolor.
Te deshaces en cachitos muy pequeños otra vez, sollozando con fuerza tu pecho, mientras piensas si realmente todo lo que has vivido no sirve para nada.
No aprendes, no aprendes nunca... tratas siempre de dale la vuelta a un peso millones de veces superior al que tú puedes soportar.
Cada vez queda menos, lo sé.
Mientras tanto... sigue persiguiendo a las manadas de las que quieres formar parte, sabiendo en tu fuero interno que jamás te integrarías.
Yo volveré a estar aquí, para la próxima vez. Hasta pronto.
estos días en los que el aire sobre tí pesa;
obligándote a agachar la cabeza...
Los fragmentos de tiempo en los que te das cuenta de que corres sobre una arena movediza,
que te deja huir riéndose de tu convicción.
Y ya no caerás de bruces, porque muchas otras veces lo has hecho;
pero caerás de rodillas.
Cada vez más falto de alma, cada vez más agotado,
cada vez con menos aire, con menos corazón.
Así volverás a salir del lodo, y estarás listo para una nueva carrera contra tí mismo, una carrera que te va despojando de cada trozo de humanidad que te queda cuando vas llegando a la siguiente meta.
¿Quieres mirar atrás? ¡Hazlo!
¡Mira con nostalgia todo lo que te hizo feliz en un pasado y ahora ya no significa nada, nada, nada!
¿Qué creías? ¿Que eras la reina del mundo cuando miraste todo desde arriba en tu montaña?
Sufre ahora, y muere después, a causa de tu dolor.
Nadie puede, ni va a ayudarte. Ni siquiera les aceptarías, admítelo. Sólo puedes morir sola, igual que naciste y viviste.
Es un hecho que los errores de la naturaleza existen,
también es un hecho que jamás esto será para tí.
Ahora te surgen mares de agua en los ojos,
quieres protestar y contradecirme ejemplificando con personas de tu alrededor...
Ya, pero ¿sabes?
Ellas sí han encontrado un camino aquí que les hace felices. Tú no.
Puedo esperar toda tu vida a que vengas hacia mí, o que te des cuenta y decidas verme antes. Aquí estaré para tí, yo sí te amo lo suficiente como para poder quitarte todo tu dolor.
Te deshaces en cachitos muy pequeños otra vez, sollozando con fuerza tu pecho, mientras piensas si realmente todo lo que has vivido no sirve para nada.
No aprendes, no aprendes nunca... tratas siempre de dale la vuelta a un peso millones de veces superior al que tú puedes soportar.
Cada vez queda menos, lo sé.
Mientras tanto... sigue persiguiendo a las manadas de las que quieres formar parte, sabiendo en tu fuero interno que jamás te integrarías.
Yo volveré a estar aquí, para la próxima vez. Hasta pronto.
miércoles, 22 de junio de 2011
Gracias..
Aún me dueles, aunque no es por la "pérdida" ni por el pasado.
Me consuela tener alguna vaga presencia tuya,
como un eco que aparece a modo de señal tranquilizadora,
cuando todo me va mal.
Vuelvo los ojos atrás, y me replanteo alguna decisión ya tomada.
No voy a hacer ninguna locura, no es ese tipo de reflexión.
Siento que, aunque tú no me veas ni lo sientas,
siempre estaré conectada contigo;
espero que uno de los sentimientos más puros
que ahora tengo perdure aún mucho más.
Me alegra que sigas aquí, y que hayas venido sin pedírtelo justo ahora, que te necesito :)
Me consuela tener alguna vaga presencia tuya,
como un eco que aparece a modo de señal tranquilizadora,
cuando todo me va mal.
Vuelvo los ojos atrás, y me replanteo alguna decisión ya tomada.
No voy a hacer ninguna locura, no es ese tipo de reflexión.
Siento que, aunque tú no me veas ni lo sientas,
siempre estaré conectada contigo;
espero que uno de los sentimientos más puros
que ahora tengo perdure aún mucho más.
Me alegra que sigas aquí, y que hayas venido sin pedírtelo justo ahora, que te necesito :)
miércoles, 9 de febrero de 2011
¿Por qué, por qué todo lo que hay a nuestro alrededor parece tan falso y tan carente de sentido?
Incluso lo que nunca creí que fuera a carecer de él, los sentimientos, de repente se me aparecen como meras consecuencias de la interacción, sin tener nada de especial o de puro...
Nunca voy a entender el "cómo" de la vida, el caos de mi interior sólo sabe seguir dando vueltas, y yo sólo sé divagar y dar vueltas, sin hacer lo suficiente por mí misma, asqueada hasta el vómito agresivo de ambiente y sociedad forzados en los que me veo inmersa sin remedio.
Dilaceración, cuerpo extraño, herida,dolor, indiferencia, resentimiento, desesperación, malrisas y penumbra...
No hay sentido en estas palabras, como tampoco lo hay en mi rutina.
Incluso lo que nunca creí que fuera a carecer de él, los sentimientos, de repente se me aparecen como meras consecuencias de la interacción, sin tener nada de especial o de puro...
Nunca voy a entender el "cómo" de la vida, el caos de mi interior sólo sabe seguir dando vueltas, y yo sólo sé divagar y dar vueltas, sin hacer lo suficiente por mí misma, asqueada hasta el vómito agresivo de ambiente y sociedad forzados en los que me veo inmersa sin remedio.
Dilaceración, cuerpo extraño, herida,dolor, indiferencia, resentimiento, desesperación, malrisas y penumbra...
No hay sentido en estas palabras, como tampoco lo hay en mi rutina.
lunes, 7 de febrero de 2011
Gotas de arena
Y ahora sí,
ahora es cuando sé que ya te vas, de hecho te estás yendo en este momento...
Siento que lo vivido ya no estará más, y que la llama de la esperanza tanto tiempo por mí alimentada en un quizá mutuo divagar por el futuro cada vez llamea menos intensamente...
"But I still believe it's something left for me"... Ya no lo sé.
Vuelvo a estar al comienzo del camino, preguntándome dónde se quedan las cosas que fueron fuego un día... ¿Me llevo las cenizas del cadáver, quizá? ¿O se las lleva el viento y yo me quedo sólo con el vago recuerdo, que también se atenúa cada día más y más?
Engañosa apariencia, nunca fue lo mismo para los dos, soy más consciente que nunca de la palabra "diferencia", en una consciencia que cala en lo más hondo y que me abofetea, para que por fin deje de creer que fui lo mismo para tí que a la inversa; no en forma de reproche sino en forma de hecho real que no se modifica por más que yo quisiera patalear.
Me siento incapaz de decirte adiós, me quedo con la desesperanza en el pecho, una mueca en los labios y la mirada en el horizonte; sé que aquí voy a seguir.
Comprensión ajena... no puede haberla, cuando tampoco hay explicaciones lógicas.
Y así, vuelve a amanecer en las rocas.
ahora es cuando sé que ya te vas, de hecho te estás yendo en este momento...
Siento que lo vivido ya no estará más, y que la llama de la esperanza tanto tiempo por mí alimentada en un quizá mutuo divagar por el futuro cada vez llamea menos intensamente...
"But I still believe it's something left for me"... Ya no lo sé.
Vuelvo a estar al comienzo del camino, preguntándome dónde se quedan las cosas que fueron fuego un día... ¿Me llevo las cenizas del cadáver, quizá? ¿O se las lleva el viento y yo me quedo sólo con el vago recuerdo, que también se atenúa cada día más y más?
Engañosa apariencia, nunca fue lo mismo para los dos, soy más consciente que nunca de la palabra "diferencia", en una consciencia que cala en lo más hondo y que me abofetea, para que por fin deje de creer que fui lo mismo para tí que a la inversa; no en forma de reproche sino en forma de hecho real que no se modifica por más que yo quisiera patalear.
Me siento incapaz de decirte adiós, me quedo con la desesperanza en el pecho, una mueca en los labios y la mirada en el horizonte; sé que aquí voy a seguir.
Comprensión ajena... no puede haberla, cuando tampoco hay explicaciones lógicas.
Y así, vuelve a amanecer en las rocas.
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